Su apariencia se asemeja a la de los calderones o a las orcas pigmeas (Feresa attenuata). Su nombre común deviene de la similitud de su cráneo en relación con el de las orcas comunes. Por lo demás, resulta fácil distinguirla porque su cuerpo es completamente negro o grisáceo y su tamaño es menor (seis metros de longitud y dos mil kilogramos). Es la tercera especie más grande de la familia de los delfines (Delphinidae).
Al igual que la mayoría de los cetáceos, la falsa orca es una especie profundamente social y muestra rasgos de inteligencia similares a los de otros delfines. Nada en grupos de hasta cincuenta individuos y su distribución es mayor en aguas tropicales o templadas. Se encuentra en áreas oceánicas o mar abierto. Se alimenta de peces medianos o grandes, calamares, aunque también se ha registrado que depredan de forma oportunista otras variedades de odontocetos. Se ha reportado que algunas manadas interactúan de forma cooperativa con diferentes especies de delfines.
La falsa orca es uno de los cetáceos menos conocidos de los océanos, pero suele ser juguetona y activa en la superficie. Se ha documentado que se acerca a las embarcaciones para recrearse y saltar al ritmo de la estela de las lanchas. Durante décadas se creyó que estaba extinta, y hoy, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se encuentra en la categoría de casi amenazada.
En Colombia se ha registrado la presencia de falsas orcas tanto en el Caribe como en el Pacífico. En la isla Gorgona se les ha visto a la caza de delfines moteados, mientras que en los golfos de Tribugá y Cupica suelen aparecer en aguas distantes de las costas. Un estudio acústico, realizado en estas áreas marítimas, recogió vocalizaciones de esta especie en las zonas de influencia de dichos golfos.
Ilustración de Gina Jiménez Vargas.