Sus distintivas manchas, que resaltan sobre el tono grisáceo de la piel, son el rasgo morfológico más importante de estos delfines. En algunas regiones del mundo, prefieren transitar en zonas oceánicas; en otras, se les ve a gusto en áreas aledañas a la costa. Su tamaño es pequeño (dos metros y medio, y cerca de ciento veinte kilos de peso), pero compensa esta desventaja en el océano con la fuerza que genera la enorme conformación de sus manadas, las cuales pueden llegar a contar con más de cien individuos. Existen diferencias físicas entre aquellas poblaciones que nadan en puntos costeros y las que recorren aguas profundas; una de ellas es el tamaño de su hocico. Las que permanecen cerca a las playas suelen presentar un hocico alargado, mientras que en los de mar abierto suele ser chato.
Se han clasificado dos subespecies: Stenella Attenuata graffmani, que es la de hábitos costeros, y Stenella Attenuata attenuata, la cual tiene una distribución más amplia aunque se asocia con aguas profundas. También se ha documentado que, en algunas ocasiones, manadas de ambas subespecies se mezclan en una sola. Se alimentan de peces pequeños, crustáceos y calamares.
La aparición del delfín moteado pantropical suele asociarse con la presencia de atunes. A menudo ambas especies nadan juntas para beneficiarse de manera mutua en la búsqueda de cardúmenes. Este es el cetáceo que con mayor frecuencia se observa en el golfo de Tribugá (incluso más que la ballena jorobada), ya que no presenta una ocurrencia estacional marcada, sino que puede hacer presencia en esta zona durante todos los meses del año. Pese a ello, aún no se ha logrado establecer si existen poblaciones residentes en dichas aguas.
Ilustración de Marielly Jiménez Vargas.