Esta es una de las especies de delfín con mayor distribución en el mundo, de allí su nombre coloquial. Se puede encontrar tanto en aguas oceánicas como costeras y en corrientes tropicales, subtropicales o templadas. Conforma manadas gigantescas que superan el centenar de individuos y suelen ser muy activos en la superficie; esto quiere decir que dan saltos y piruetas para surcar el oleaje.
En relación con su morfología, el delfín común se distingue con facilidad por las líneas entrecruzadas que se dispersan en sus costados y que tienen un parche marrón, amarillento o gris. La longitud de esta especie alcanza poco más de los dos y medio metros y su peso llega a los doscientos cincuenta kilogramos. Hasta 2015 se creyó que existían dos especies: delfín común de pico corto (Delphinus delphis) y delfín común de pico largo (Delphinus capensis). Sin embargo, estudios genéticos determinaron que las dos variedades hacen parte de la misma especie.
Su alimentación se basa fundamentalmente en diferentes tipos de peces y calamares. Las manadas de estos odontocetos pueden asociarse con otras especies de cetáceos durante la cacería de cardúmenes de sardinas o anchoas. De hecho, el delfín común suele nadar con bancos de atún, en una relación de cooperación y beneficio mutuo en búsqueda de localizar y capturar a los grupos de peces pequeños.
En el golfo de Tribugá, el delfín común es una de las especies que se avista con mayor frecuencia, aunque los registros y testimonios de los pobladores locales sugieren que se observan de manera más habitual en aguas distantes de la costa. Entre marzo y mayo, cuando empieza la temporada de arribo de las sardinas, se cree que la ocurrencia de esta especie aumenta, y se le ve de forma asidua nadando junto a bancos de atún. En efecto, estos delfines son aliados de los pescadores, pues permiten detectar la presencia de los atunes y así les permiten consumar sus faenas.
Ilustración de Gina Jiménez Vargas.