Es la especie icónica que inspiró a Herman Melville para escribir Moby Dick. Más allá del mito, los cachalotes son cetáceos apacibles y tranquilos. En esta especie todo es gigante: es el depredador más grande del planeta; tiene la cabeza de mayor tamaño, y en ella alberga el cerebro más voluminoso que existe. Sus heces pesan cincuenta kilos, y de ellas se extrae el preciado ámbar gris. Gracias a la enormidad de su testa y a su anatomía, este odontoceto puede nadar hasta mil metros de profundidad y permanecer durante dos horas bajo el agua, en busca de calamares gigantes. Allí, en la oscuridad del fondo marino, se orienta con sus chasquidos de ecolocación. Sus vocalizaciones son de doscientos treinta decibelios y constituyen uno de los sonidos más fuertes del mundo.
En Colombia, se han registrado cachalotes tanto en el Caribe como en el Pacífico. Los avistamientos en el golfo de Tribugá son esporádicos, pero dada la profundidad del fondo marino, que sólo en la zona costera alcanza los veinticinco metros, es un área aparentemente propicia para su observación. Aún no se ha determinado la estructura genética de las poblaciones que visitan estas aguas, ni tampoco sus patrones de distribución o uso del hábitat. Este es un odontoceto que se encuentra en estado de conservación vulnerable.
Ilustración de Marielly Jiménez Vargas.