Se trata de la segunda ballena más grande del mundo y del segundo animal de mayor tamaño del planeta (sólo superado por la ballena azul). Su tamaño promedio es de diecinueve a veinte metros de longitud y se calcula que llega a pesar ochenta toneladas. El espécimen más grande documentado hasta hoy alcanzó los veintisiete metros de largo. Las características morfológicas que diferencian a estas dos especies, más allá de las proporciones de sus cuerpos, son una cabeza puntiaguda y plana, así como el tono grisáceo y la mandíbula inferior blanquecina, en los rorcuales comunes. Su aleta dorsal es falcada y prominente, de allí su nombre popular. No obstante su inmensidad, es uno de los cetáceos más veloces, pues puede llegar a moverse a cuarenta kilómetros por hora.
Pese a que su distribución es mayor en zonas templadas, la ballena de aleta también aparece en áreas tropicales. Su predilección son las aguas profundas y oceánicas, en las que nada de forma solitaria, excepto en temporadas de reproducción y crianza, cuando pueden agruparse en manadas de seis a diez individuos. Su alimentación es variada, según el punto geográfico en el que se encuentra: va desde calamares, krill y copépodos hasta cardúmenes de peces pequeños como arenque y caballa. En su boca cuenta con cientos de barbas con las cuales filtra a sus presas.
En esta especie se han descrito hábitos de alimentación y reproducción marcados, según la temporada estacional. Es así como, en el hemisferio sur, las ballenas de aleta suelen reproducirse entre mayo y julio. Al igual que otros rorcuales, este misticeto fue cazado por la industria ballenera en la primera mitad del siglo xx, con lo cual la población se redujo de manera crítica (se estima que se aniquilaron más de setecientos mil individuos). Hoy, el rorcual común se halla en condición vulnerable, de acuerdo con la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Los mayores peligros antropogénicos son la pesca incidental, colisiones con embarcaciones, el calentamiento de los océanos y la contaminación química de las aguas. En la vida silvestre, el único depredador de este cetáceo es la orca, que es capaz de capturar a las crías.
Si bien encontrar a la ballena de aleta constituye un desafío, dada su preferencia por las aguas oceánicas y a la reducción de su población, en Colombia esta especie se ha reportado en el Caribe y en el Pacífico. En el golfo de Tribugá se ha registrado que su aparición es poco frecuente, pero algunos artículos científicos refieren que, por la estructura topográfica marina y sus grandes profundidades, es un área propicia para los ciclos migratorios de la especie.
Ilustración de Gina Jiménez Vargas.