En esta especie todo es de proporciones gigantescas. Es el ser vivo más grande que haya habitado la Tierra (al menos del que se tiene registro). Su tamaño promedio es de veintitrés a veintisiete metros de longitud y su peso puede alcanzar las ciento ochenta toneladas. Para dar una referencia, su lengua llega a tener el peso de un elefante y su corazón es tan enorme como un automóvil. Se dice que un niño podría gatear sobre sus arterias. El espécimen más grande que se ha documentado tenía treinta y tres metros de largo. A pesar de su inmensidad, sobrevive consumiendo diminutos crustáceos denominados krill, los cuales filtra con sus más de trescientas barbas. Se calcula que, en áreas de alimentación, una ballena azul adulta puede engullir más de tres toneladas de estos organismos por día.
Más allá de su enorme cuerpo, la contextura de este rorcual es esbelto y elegante. El color azul de su piel es distintivo, mientras que su cabeza es ancha y aplanada. Su canto es uno de los sonidos más ruidosos del mundo y, entre individuos, pueden escucharse a más de mil quinientos kilómetros de distancia. Esta especie se distribuye en todos los océanos del planeta, excepto en el Ártico, y nada casi siempre en solitario en áreas profundas de altamar. La ballena azul es mítica e imponente, pero muchos de sus comportamientos, patrones migratorios y hábitos reproductivos son aún un misterio científico. Existen cinco subespecies desperdigadas en distintas zonas geográficas del mundo.
Pese a su amplia distribución, hay que tener fortuna para avistar a una ballena azul. Se estima que, en la actualidad, viven entre diez mil y veinticinco mil en todo el planeta. En los albores del siglo xx, dicho gigante fue arrinconado casi hacia su extinción por causa de la fiebre que produjo su aceite entre los barcos balleneros. Se cree que, hasta mediados de ese siglo, se exterminaron cerca de trescientos sesenta mil de estos rorcuales. Fue en 1966 cuando la Comisión Ballenera Internacional la declaró especie protegida, aunque las poblaciones han mostrado muy pocas señales de recuperación.
De acuerdo con las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la ballena azul está en peligro de extinción, y la mayoría de sus amenazas actuales provienen de actividades humanas como la colisión con embarcaciones, el cambio climático y la contaminación química de las aguas. El único depredador natural de este rorcual es la orca que, casi siempre, busca a los ballenatos, aunque se han registrado casos excepcionales de grupos inmensos de hasta setenta individuos tras la caza de estos gigantes.
Existen registros de la presencia de la ballena azul tanto en el Caribe como en el Pacífico colombianos, aunque su avistamiento es extraordinario. Algunos artículos científicos han reportado el golfo de Tribugá como una de las zonas del territorio marítimo nacional en las que el animal más grande del planeta hace su aparición de forma poco frecuente.
Ilustración de Gina Jiménez Vargas.