Pertenece a los misticetos

Imponente y enigmática, la ballena Sei es la tercera de mayor tamaño del planeta. Se estima que alcanza los dieciocho metros de longitud y que llega a pesar cuarenta y cinco toneladas. En realidad, sobre este rorcual el conocimiento científico es aún escaso, dadas su predilección por aguas profundas y su carácter casi siempre solitario (en algunos casos se mueve en grupos pequeños, en particular en período de crianza y reproducción) y a que es menos activa en la superficie que otros misticetos.

Se distribuye en aguas templadas y subpolares, aunque también se mueve en zonas tropicales en el curso de sus rutas migratorias, sobre las cuales aún no se ha determinado un patrón claro. Su coloración es grisácea y, por su morfología, puede confundirse con la ballena de Bryde. Sin embargo, las distingue no sólo su tamaño, sino el número de crestas que van desde los orificios respiratorios hasta la punta del hocico (el rorcual Sei presenta una cresta, mientras el de Bryde tiene tres). Asimismo, la cabeza de la ballena Sei se ve levemente inclinada hacia abajo. Su alimentación se basa en copépodos (crustáceos planctónicos), pero además come krill y cardúmenes de peces pequeños, que filtra mediante sus barbas.

Durante el siglo xx, el rorcual Sei fue objetivo de los barcos balleneros, que alcanzaron a cazar más de doscientos mil individuos y diezmaron su población en más de un ochenta por ciento. En 1975, la Comisión Ballenera Internacional llegó a un acuerdo para el cese de su matanza. Pese a ello, en algunas regiones del mundo se sigue persiguiendo y es permitido cazar un número determinado de especímenes. Aún hoy, la ballena Sei continúa en la categoría de en peligro de extinción, según las categorías de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La presencia de esta especie en Colombia es inusual, pero algunos reportes de monitoreos científicos han descrito su aparición en el Pacífico nacional, y una de las zonas propicias para su ocurrencia son las aguas profundas del golfo de Tribugá.

Ilustración de Gina Jiménez Vargas.