Pertenece a los odontocetos

Es una de las dos especies de cetáceos que configuran el género Globicephala, que en latín significa cabeza redonda: la otra es el calderón común o de aleta larga (Globicephala melas). Esta denominación hace referencia a la particular forma de la cabeza en forma de melón que poseen dichas especies. Otra de las características de tales odontocetos es su ancha y curvada aleta dorsal, la cual parece dibujar una suerte de gancho. 

Al referir de manera específica al calderón tropical de aleta corta, se ha establecido que alcanza los seis y medio metros de longitud y llega a pesar tres mil seiscientos kilogramos en su etapa adulta. Como su nombre común lo indica, se distribuye en aguas tropicales, subtropicales y templadas. Aunque es más habitual en áreas oceánicas, suele acercarse a zonas costeras de forma oportunista. Se alimenta de calamares, peces de tamaño mediano y pulpos, y nada en manadas de entre veinte y cien ejemplares. Sus familias tienen una estructura matriarcal.

Si bien las especies del género Globicephala también son conocidas como ballenas piloto, pertenecen a la familia de los delfines (Delphinidae). De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), dichos odontocetos se clasifican en la categoría global de amenaza de preocupación menor. La pesca incidental, la caza directa en algunas regiones del mundo, el calentamiento de los océanos y la contaminación química de los mares son los principales peligros derivados de actividades humanas.

El calderón se observa de manera esporádica u oportunista en las aguas del Pacífico colombiano, y el golfo de Tribugá es una de las zonas en las que se avistan con mayor frecuencia. Según los pobladores locales, se avistan en áreas distantes a la costa y tienen un carácter tranquilo al aproximarse a las lanchas. Su estado de conservación en el país, de acuerdo con El libro rojo de los mamíferos de Colombia, es de casi amenazado

Ilustración de Gina Jiménez Vargas.